" Vive de tal manera, que cuando tus hijos piensen en justicia, igualdad, cariño e integridad, piensen en tí ".

jueves, 10 de marzo de 2011

LOS CASTIGOS

Los Castigos



Un artículo de Dionisio F. Zaldívar Pérez
Extraído de http://saludparalavida.sld.cu/


El castigo es posiblemente una de las prácticas más utilizadas en el seno 
de la familia. Son diversos los que se emplean como “estrategia educativa”. 
Sin embargo, el uso sistemático del castigo como acción correctora principal 
puede acarrear consecuencias negativas que deben evitarse.


Entendemos por castigo cualquier acción que ejecuta una persona, y que causa la 
aversión del que la recibe, empleado como elemento correctivo o de control con la 
finalidad de eliminar una conducta o comportamiento molesto o inadecuado.

Entre los castigos más frecuentes se encuentran:

* El tiempo fuera (sacar o prohibir al sujeto permanecer en el lugar o contexto 
donde ha exhibido una conducta considerada molesta o inapropiada enviándolo 
a dormir, etc.)
* El retiro de reforzadores o estímulos positivos (prohibición de ver la TV, de 
salir a jugar con los amigos, etc.)
* El castigo físico (que por supuesto no tiene nada de educativo).

Las causas más frecuentes por las cuales se castiga a un niño son: 
desobedecer las órdenes o indicaciones de los adultos; actividad excesiva 
del niño (hiperactividad) que resulta molesta para los adultos; rebeldía (actitud 
desafiante ante los padres u otros adultos); mala comunicación padres-hijos; 
irritabilidad, frustración o malestar de los padres.

Es posible que las causas que explican el uso extendido del castigo estén 
relacionadas con su aparente eficacia y rapidez para controlar o detener el 
comportamiento inadecuado o molesto. Sin embargo, sobran los ejemplos 
de niños que a pesar de haber recibido castigo, incluso físico, por mostrar 
determinados comportamientos, siguen exhibiéndolo tan pronto se presenta 
la ocasión.

Diversos estudios han mostrado que los efectos supresores del castigo 
resultan momentáneos, que este no provoca el desaprendizaje del 
comportamiento castigado, ni ofrece en su lugar otra alternativa más adecuada 
por lo que en la primera ocasión se activa nuevamente.

El uso sistemático del castigo como acción correctora principal puede 
acarrear consecuencias negativas, entre las que podemos señalar: daño a la 
autoestima del niño, quien llega a desvalorizarse (baja autoestima); aparición 
de estados de tensión, estrés y agresividad; déficit de atención; pérdida de 
confianza en los padres; ansiedad o culpa de alguno de los miembros de 
la familia; y empleo de la mentira como medio de evitar el castigo.

Como pueden observarse, si bien el castigo aparece como una “rápida 
solución” a los problemas de comportamiento infantil, sus efectos no son 
permanentes y por lo general provocan más daño que beneficio.

Educar requiere paciencia y poder mostrar al educando las alternativas de 
comportamientos más efectivos, lo que se logra en primer lugar con el propio 
ejemplo de los padres, la adecuada comunicación con el niño, la exigencia 
apropiada, pero siempre con amor, con el uso de argumentos directos y lógicos 
que inviten al niño a reflexionar sobre las consecuencias de su comportamiento, 
no solo para él, sino también en las afectaciones que pueden provocar en los demás.

El castigo físico jamás puede considerarse como una acción educativa. Por el 
contrario, es generador de agresividad y aprendizaje de comportamientos 
violentos que serán mostrados más allá del contexto familiar, ya que pueden afectar 
no sólo el comportamiento psicológico del individuo, sino también el social.

Los padres que castigan físicamente a sus hijos están contribuyendo a la reproducción 
de conductas violentas en el ámbito de la sociedad e inducen al uso de la violencia 
como forma de ejercer el control sobre otros.

Educar es dialogar, es persuadir, es enseñar con el ejemplo. Agote estos recursos antes 
de imponerles un castigo sus hijos, estos y la sociedad se lo agradecerán.